✅ HIGHLIGHTS – Mejor fungicida para la tuberculosis del olivo
- • Qué es: la tuberculosis del olivo la causa la bacteria Pseudomonas savastanoi pv. savastanoi, no un hongo. Por eso ningún «fungicida» la cura: lo que funciona es protegerse antes de que la bacteria entre en la planta.
- • Puerta de entrada: la bacteria vive en la superficie de hojas y tallos sin causar síntomas, y solo infecta cuando encuentra una herida: poda, vareo, recolección mecanizada, granizo o heladas.
- • Épocas de riesgo: sus poblaciones se disparan en los meses templados y lluviosos (primavera y otoño) y caen en verano, de modo que los tratamientos rinden más en esas ventanas y justo después de cualquier daño en el árbol.
- • El cobre como protector de heridas: los compuestos cúpricos reducen la población de bacteria y el número de tumores cuando se aplican de forma preventiva, pero conviene no abusar de ellos y alternarlos para evitar resistencias.
- • Solución: QUELAFERT® GLUCOBRE, cobre complejado orgánicamente que refuerza las defensas naturales del olivo, apto para foliar y radicular, dentro de un plan integrado de prevención.
- • Enfoque sostenible: GLUCOBRE está certificado para agricultura ecológica y su formulación evita la fitotoxicidad y la acumulación en suelo propias del cobre convencional, un punto clave cuando la normativa europea limita el cobre aplicable por hectárea.
¿Qué es la tuberculosis del olivo?
La tuberculosis del olivo es una de las enfermedades más extendidas del olivar español y, en algunas zonas productoras, está considerada la tercera en importancia tras el repilo y la lepra. Su efecto más visible son las verrugas que deforman ramas y troncos, pero el daño real es menos evidente: un olivo con tuberculosis pierde vigor de forma progresiva, produce menos y se vuelve más vulnerable a cualquier otro estrés. En variedades sensibles, las pérdidas se han estimado en torno al 1,3% de la producción total anual, y se han documentado casos locales de pérdida de casi toda la cosecha cuando coinciden condiciones meteorológicas muy favorables para la bacteria, como un granizo primaveral, según recoge el estudio del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) publicado por el Ministerio de Agricultura.
Una bacteria, no un hongo: Pseudomonas savastanoi pv. savastanoi
Aunque la búsqueda más habitual sea el mejor fungicida para la tuberculosis del olivo, conviene empezar por aclarar el punto que más confusión genera: el agente causal es una bacteria gramnegativa, Pseudomonas savastanoi pv. savastanoi, y no un hongo. No es un matiz académico. Condiciona por completo la estrategia de control, porque buena parte de los fungicidas de uso común en olivar no tiene ningún efecto sobre ella. Ocurre algo parecido con otras enfermedades que el agricultor agrupa bajo el término «hongos» sin serlo; es el caso del mildiu de la patata, causado por un oomiceto, que exige también un enfoque propio.
El ciclo de esta bacteria es de tipo epífito-patógeno. En una primera fase se multiplica en la superficie de hojas y tallos sin producir ningún síntoma, por lo que un olivo aparentemente sano puede estar portando la bacteria. Solo cuando encuentra una vía de entrada —una herida, una cicatriz foliar tras la caída de la hoja o incluso los estomas— supera la barrera epidérmica y comienza la fase infecciosa. A partir de ese momento puede desplazarse por los espacios entre células e incluso por los vasos del xilema, y generar nuevos tumores en otras heridas del mismo árbol.
Síntomas: verrugas y tumores en ramas y tronco
El síntoma característico son los tumores, también llamados verrugas o excrecencias. En sus primeras fases tienen forma redondeada y textura relativamente esponjosa; con el tiempo se endurecen, se vuelven rugosos y pueden pasar de unos pocos milímetros a varios centímetros de diámetro. Aparecen sobre todo en brotes y ramas jóvenes, y también en tallos y tronco; con mucha menor frecuencia se han descrito en hojas, frutos y raíces.
La formación del tumor no es un daño mecánico: la propia bacteria produce las fitohormonas ácido indolacético y citoquininas, que desencadenan un crecimiento descontrolado del tejido vegetal en el punto de infección. Ese tumor se convierte además en un reservorio: la bacteria se mantiene en su interior de una campaña a otra y, cuando la humedad es alta, lo abandona en forma de exudados con una gran concentración de células bacterianas, listas para colonizar nuevos tejidos.
Cómo daña al olivar
Según la RAIF de la Junta de Andalucía, los tumores interfieren en el transporte de agua y nutrientes por el árbol, lo que se traduce en un debilitamiento general. El resultado es una cadena de efectos que van más allá de la rama afectada:
- Menor crecimiento vegetativo, al quedar interrumpido parcialmente el transporte vascular por encima del tumor.
- Reducción de la productividad, tanto en cantidad como en calidad de los frutos, con el consiguiente impacto en la producción de aceite.
- Mayor susceptibilidad a otras enfermedades y al estrés abiótico (sequía, frío, calor).
- Pérdida de vigor en plantaciones jóvenes, que llega a comprometer su establecimiento.
Cómo entra la bacteria: heridas y épocas de riesgo
Si hay una idea que resume toda la estrategia contra la tuberculosis es esta: sin herida no hay infección. La bacteria está presente de forma latente en muchos olivares; lo que decide si la enfermedad progresa es el número de heridas abiertas en el momento en que las poblaciones bacterianas son altas. La dispersión dentro de la parcela la facilitan la lluvia y las salpicaduras, los aerosoles que forma el viento, las herramientas contaminadas y, a mayor distancia, la plantación de material vegetal infectado con o sin síntomas visibles.
Poda, vareo y recolección mecanizada
Las labores culturales son la principal fuente de heridas en el olivar. Cada corte de poda es una puerta abierta, y una tijera o un serrucho que ha atravesado una rama con tumores trasladan la bacteria al siguiente corte. El vareo y la recolección mecanizada producen además roces, desgarros y heridas en ramas y brotes en plena época de riesgo. No es casualidad que se haya observado un aumento importante de la enfermedad en el olivar intensivo y superintensivo, donde la mecanización es total.
Granizo y heladas
Los daños climáticos son el escenario más peligroso, porque generan cientos de heridas de golpe en toda la copa y suelen coincidir con periodos húmedos. El granizo primaveral, en particular, aparece en la literatura técnica como el desencadenante de las pérdidas más graves. Las heladas actúan de forma similar al agrietar la corteza y los tejidos jóvenes.
Otoño y primavera: cuándo se dispara el riesgo
Los estudios de dinámica poblacional realizados en olivares españoles muestran que las poblaciones de la bacteria en hojas y tallos son más altas en los meses templados y lluviosos, sobre todo en primavera, y significativamente más bajas en verano. La RAIF sitúa el rango favorable para su proliferación en temperaturas moderadas, de 10 a 28 °C, con humedad relativa alta. Otoño y primavera concentran, por tanto, las dos condiciones que necesita la bacteria: población abundante y heridas recientes de la recolección o la poda.
| ORIGEN DE LA HERIDA | TIPO DE DAÑO | CUÁNDO PROTEGER |
|---|---|---|
| Poda | Cortes en ramas y tronco; contagio por herramientas | Inmediatamente después de podar |
| Vareo y recolección mecanizada | Roces, desgarros y rotura de brotes | Tras la recolección, coincidiendo con el otoño-invierno húmedo |
| Granizo | Heridas múltiples en toda la copa | Cuanto antes tras la tormenta |
| Heladas | Grietas en corteza y tejidos jóvenes | Después del episodio de frío |
| Vías naturales | Cicatrices foliares tras la caída de hoja, estomas | Tratamientos preventivos en primavera y otoño |
¿Tiene cura la tuberculosis del olivo?
La respuesta corta es no: un tumor ya formado no desaparece con ningún tratamiento, y la bacteria que contiene seguirá siendo una fuente de contagio mientras permanezca en el árbol. Los investigadores del IVIA lo resumen así: «el control de la tuberculosis del olivo debe ser esencialmente preventivo». Lo que sí podemos hacer es reducir drásticamente la incidencia de nuevos tumores y frenar la expansión de la enfermedad en la finca, combinando saneamiento, prácticas culturales y tratamientos en los momentos de riesgo dentro de una estrategia de bioprotección integrada.
Por qué el tratamiento es preventivo y no curativo
Una vez que la bacteria ha superado la epidermis y ha inducido el tumor, se encuentra protegida en el interior del tejido, fuera del alcance de cualquier producto aplicado sobre la superficie. Por eso el objetivo de los tratamientos no es «matar la tuberculosis», sino actuar sobre dos frentes que sí están a nuestro alcance: reducir la población de bacteria epífita que vive en hojas y tallos, y proteger las heridas durante el tiempo en que permanecen abiertas. El saneamiento físico completa la estrategia: eliminar las ramas con tumores cortando por debajo de la zona afectada reduce el inóculo que alimenta nuevas infecciones.
El papel del cobre como protector de heridas
Los compuestos de cobre son, a día de hoy, la base del control químico de la tuberculosis. Su eficacia preventiva está respaldada por ensayos de campo: en el estudio del IVIA, olivos de las variedades Picudo y Arbequina inoculados con la bacteria y tratados con oxicloruro de cobre o con sulfato cuprocálcico, una vez en primavera y otra en otoño durante tres años, mostraron poblaciones epífitas mucho más bajas y un número de tumores significativamente inferior al de los árboles sin tratar. En Picudo, los árboles tratados terminaron la última campaña con entre 500 y 1.000 tumores por tratamiento, frente a los 1.800 de los no tratados.
La conclusión práctica de ese trabajo es doble. Primero, el momento de aplicación es decisivo: los tratamientos cúpricos rinden en los meses templados y lluviosos, antes de que se inicie la infección de los tejidos sensibles. Segundo, deben complementarse con aplicaciones de protección de heridas tras la recolección y tras episodios de granizo o heladas.
Resistencia al cobre: por qué alternar y no abusar
El cobre funciona, pero no es infalible. Un estudio in vitro presentado en el Simposio Científico-Técnico de Expoliva 2015 comparó nueve compuestos frente a distintas cepas de la bacteria y encontró que solo cuatro inhibían su crecimiento. El mismo trabajo observó que la exposición prolongada a compuestos cúpricos parece inducir en la bacteria algún mecanismo de defensa que la hace más resistente.
Por eso recomendamos un uso racional: tratar en los momentos clave y no por calendario fijo, elegir formulaciones de cobre eficientes y alternar con otras herramientas. Entre esas alternativas, la propia RAIF menciona el estudio de antagonistas naturales como Bacillus subtilis o Pseudomonas fluorescens, en línea con los principios del control biológico de plagas y enfermedades.
Mejor fungicida para la tuberculosis del olivo: QUELAFERT® GLUCOBRE
Si buscamos un producto que encaje en esta estrategia preventiva —cobre aplicado en los momentos de riesgo, con eficiencia y sin penalizar al suelo— en Quelagrow trabajamos con QUELAFERT® GLUCOBRE, una de las soluciones de nuestra gama de fungicidas. Conviene ser precisos sobre su papel: GLUCOBRE no cura los tumores ya formados, porque ningún producto lo hace. Su función es reforzar al olivo en los periodos de mayor riesgo dentro del plan integrado que hemos descrito.
Cobre complejado ecológico: cómo actúa en el olivo
QUELAFERT® GLUCOBRE es una solución líquida de cobre complejado con ácidos glucónicos, azúcares reductores y ácidos polihidroxicarboxílicos. Esta forma complejada permite que el cobre se absorba con eficacia tanto por vía foliar como por vía radicular, incluso en condiciones en las que la asimilación del cobre convencional resulta difícil. Una vez absorbido, además de cubrir las necesidades de este micronutriente, activa los mecanismos naturales de defensa de la planta, como la síntesis de fitoalexinas, y mejora su respuesta frente a enfermedades en las fases más sensibles del ciclo, como la brotación.
En el contexto de la tuberculosis, esto se traduce en un olivo mejor preparado para afrontar los periodos en que las heridas y la presión de la bacteria coinciden. La posibilidad de alternar aplicación foliar y radicular aporta además flexibilidad para adaptar el tratamiento a cada momento del cultivo y contribuye, según la ficha del producto, a reducir la aparición de resistencias.
Modo de aplicación de QUELAFERT® GLUCOBRE
En olivo recomendamos realizar de 2 a 3 aplicaciones repartidas en la parada vegetativa, el inicio de la brotación y la plena actividad vegetativa, siempre de forma preventiva, antes de la aparición de los primeros síntomas. Las dosis de referencia son:
- Vía foliar: 150-300 cc/hl, con un gasto total de 1,5-3 L/ha.
- Fertirrigación: 2-3 L/ha.
Estas ventanas encajan con los periodos de mayor riesgo de tuberculosis. Para la protección de heridas tras la poda, la recolección o un granizo, conviene planificar la aplicación lo antes posible después del daño.
Por qué es una opción más sostenible
El cobre es una herramienta imprescindible en el olivar, pero también una de las más vigiladas por su persistencia en el suelo. GLUCOBRE responde a ese problema desde la formulación. Al tratarse de cobre complejado orgánicamente, evita los efectos negativos asociados a las formulaciones tradicionales, como la fitotoxicidad o la acumulación en el suelo. Además, está certificado para agricultura ecológica y es compatible con los insectos beneficiosos y demás fauna auxiliar del cultivo. Es un argumento de peso para el olivar ecológico y, en general, para cualquier finca que quiera mantener la eficacia del cobre reduciendo su huella ambiental.
Prevención de la tuberculosis del olivo: buenas prácticas
Ningún tratamiento compensa un manejo que multiplica las heridas o que traslada la bacteria de un árbol a otro. Estas son las prácticas con mayor impacto real, recogidas en las recomendaciones de la RAIF y del IVIA:
- Podar en tiempo seco y empezar por los árboles sanos: evitar los días de lluvia o alta humedad reduce la dispersión de la bacteria. Dejar para el final los olivos con tumores evita llevar el inóculo a árboles limpios.
- Desinfectar las herramientas entre cortes: la RAIF recomienda hipoclorito sódico o alcohol al 70%, sobre todo después de cortar una rama con tumores.
- Eliminar y destruir las ramas afectadas: cortar por debajo de la zona tumoral y retirar el material de la parcela, porque las ramas abandonadas siguen actuando como fuente de inóculo.
- Minimizar los daños en la recolección: ajustar el vareo y la maquinaria para reducir roces y desgarros, especialmente en plantaciones intensivas y superintensivas.
- Proteger tras cada episodio de daño: granizo, heladas o vientos fuertes abren heridas en toda la copa; el tratamiento preventivo posterior es la medida más rentable de la campaña.
- Plantar material vegetal certificado: los plantones infectados son la principal vía de entrada de la enfermedad en fincas nuevas.
Quelagrow: bioprotección para un olivar sostenible
En Quelagrow somos fabricante de fertilizantes y bioprotectores con producción propia en Almería. Nuestro trabajo en el olivar parte de una idea sencilla: las enfermedades como la tuberculosis no se resuelven con un único producto milagro, sino con un programa que combina nutrición, refuerzo de las defensas de la planta y buenas prácticas en los momentos adecuados. Por eso desarrollamos formulaciones como GLUCOBRE, que mantienen la eficacia de herramientas clásicas como el cobre y reducen su impacto sobre el suelo y la fauna auxiliar. Trabajamos con distribuidores y almacenes agrícolas para adaptar formatos, volúmenes y opciones de marca blanca a las necesidades de cada mercado.
Preguntas frecuentes sobre el mejor fungicida para la tuberculosis del olivo
¿Se contagia la tuberculosis de un olivo a otro?
Sí. La bacteria pasa de un árbol a otro con el agua de lluvia y las salpicaduras, con los aerosoles que forma el viento y, sobre todo, con las herramientas de poda y la maquinaria de recolección. A larga distancia, la vía principal es la plantación de material vegetal infectado, que puede no mostrar síntomas en el momento de la compra.
¿Hay variedades de olivo más sensibles a la tuberculosis?
Sí. En la evaluación de 28 variedades realizada por el IVIA, se clasificaron como muy sensibles Arbequina, Arróniz, Nevadillo Blanco de Jaén, Pajarero, Picudo y Vallesa. Entre las poco sensibles figuran Frantoio, Manzanilla de Sevilla, Manzanilla Cacereña, Lechín de Granada y Villalonga. Picual y Koroneiki quedaron como moderadamente sensibles. Ninguna de las variedades evaluadas resultó resistente.
¿Se puede controlar la tuberculosis en olivar ecológico?
Sí. El cobre está permitido en agricultura ecológica, aunque con límites: el Reglamento de Ejecución (UE) 2018/1981 fija un máximo de 28 kg de cobre por hectárea en un periodo de 7 años, unos 4 kg/ha/año de media. Ese límite hace especialmente interesantes las formulaciones de cobre eficientes y certificadas para ecológico, como QUELAFERT® GLUCOBRE, combinadas con saneamiento y prácticas culturales.
¿Es lo mismo la tuberculosis que el repilo del olivo?
No. El repilo lo causa un hongo y se manifiesta como manchas circulares oscuras en las hojas que acaban provocando su caída. La tuberculosis la causa una bacteria y produce tumores en ramas y tronco. Coinciden en que ambas se favorecen con la humedad del otoño y la primavera, y en que el cobre forma parte del programa preventivo frente a las dos.
¿Qué hago con las ramas podadas que tienen tumores?
Hay que retirarlas de la parcela y destruirlas. Dejarlas en el suelo o apiladas junto a los olivos mantiene una fuente activa de bacteria, porque los tumores conservan el inóculo y, con humedad, lo liberan en forma de exudados.
¿Cómo sé si los plantones que compro están libres de tuberculosis?
La garantía es comprar material vegetal certificado. En España, la normativa de certificación de plantas de olivo exige que las plantas madre se inspeccionen oficialmente para comprobar que están libres de Pseudomonas savastanoi pv. savastanoi, entre otros patógenos, y que ese análisis se repita cada año.
¿Puedo mezclar el cobre con otros tratamientos del olivar?
Depende del producto. En el caso de QUELAFERT® GLUCOBRE, no debe mezclarse con productos altamente alcalinos, aceites minerales ni formulaciones con azufre. Ante cualquier mezcla con otros insumos, recomendamos hacer siempre una prueba de compatibilidad previa a pequeña escala.



